El País

Crítica: Mutaciones del tedio

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
X-Men: Apocalipsis

Lo mejor:
La primera secuencia en el antiguo Egipto

Lo peor:
Lo superfluo del grueso del metraje

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 20/05/2016
  • Director: Bryan Singer
  • Actores: James McAvoy (Charles Xavier), Michael Fassbender (Erik Lensherr / Magneto), Jennifer Lawrence (Raven / Mistica), Sophie Turner (Jean Grey), Olivia Munn (Betsy Braddock / Mariposa mental), Oscar Isaac (En Sabah Nur / Apocalipsis), Rose Byrne (Moira MacTaggert), Nicholas Hoult (Hank McCoy / Bestia), Tye Sheridan (Scott Summers / Cíclope), Monique Ganderton (Muerte), Alexandra Shipp (Ororo Munroe / Tormenta), Lana Condor (Jubilation Lee / Jubilee), Rochelle Okoye (Plague)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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A la vista del rumbo tomado en sus dos últimas entregas - X-Men: Días del futuro pasado (2014) y la que ahora nos ocupa- por la taquillera serie cinematográfica que viene auspiciando 20th Century Fox desde hace quince años, a partir de los cómics de la editorial Marvel en torno al popular grupo de superhéroes mutantes que lidera el profesor Xavier, es inevitable preguntarse qué habría sucedido de tener éxito las apuestas en otros registros de uno de sus responsables máximos: el productor, guionista y director Bryan Singer. Han pasado, sin embargo, más de dos décadas desde que Sospechosos habituales (1995) y Verano de corrupción (1998) hicieran de Singer el niño prodigio que llevó a Fox a encargarle las asimismo apreciadas X-Men (2000) y X-Men 2 (2003); mientras que sus posteriores Superman Returns (2006), Valkiria (2008) y Jack el caza gigantes (2013) han estado lejos de permitirle demostrar que su nombre y talentos se bastaban por sí solos para procurarle como realizador un estatus en el Hollywood de las fiestas de espuma en jacuzzis.

 Por ello, tras la vía muerta que supuso X-Men: La decisión final (2006), filmada por Brett Ratner, no es de extrañar que Singer volviese a implicarse a fondo en la saga X-Men, tomando parte en su imaginativa reinvención: X-Men: Primera Generación (2011), traslación del universo mutante del hoy al pasado reciente, que convertía las aventuras de Xavier, su querido archienemigo Magneto, y sus respectivos pupilos, en una inteligente reinterpretación post-pop de la historia contemporánea, y, por extensión, a la propia película en una vindicación de la huella plantada por el género superheroico en nuestra escena sociocultural. Pero lo interesante es que ello se debía menos a contar con Singer como productor y partícipe del argumento, que a la presencia como guionista y director de Matthew Vaughn, quien ha manifestado virtudes similares a las de X-Men: Primera Generación en Crimen organizado (2004), Kick-Ass, listo para machacar (2010) y Kingsman: Servicio secreto (2014). De la valía de Vaughan da cuenta el que Singer se apropiara en la secuela, X-Men: Días del futuro pasado, de la realización, y que, como consecuencia, pese a las aparentes similitudes entre una y otra cinta, la primera fuese intensa y relevante por las razones apuntadas, mientras que la segunda derivaba en relato plúmbeo, carente de inspiración y lecturas revulsivas.

  X-Men: Apocalipsis confirma que el neoclasicismo de Singer como director, que en sus películas iniciales podía leerse como posmodernidad retorcida, ha degenerado en formas trasnochadas. Inspirada en líneas generales, como sus predecesoras, en contenidos memorables de la cabecera impresa, X-Men: Apocalipsis cuenta cómo en 1983, diez años después de lo acontecido en X-Men: Días del futuro pasado, se cierne sobre nuestro planeta y unos X-Men a los que acabarán incorporándose en su juventud Tormenta, Ángel, Cíclope o Rondador Nocturno, la grave amenaza de un mutante primigenio, En Sabah Nur/Apocalipsis ( Oscar Isaac), que entiende sus superpoderes y los de otros seres humanos alterados genéticamente como propios de divinidades. De la primera escena, que nos muestra a Apocalipsis como regente en el Antiguo Egipto, emana cierto sentido de la maravilla; y, como es habitual en él, Singer sabe desenvolverse posteriormente en el melodrama de salón, la interacción a nivel cotidiano entre mutantes. Además, el debate implícito en el metraje acerca de la adscripción humana o trascendente de lo mutante y las repercusiones de ello, tiene su interés; aunque, al estar apenas esbozado, no haga honor a las cuestiones humanísticas tratadas con más profundidad en previos episodios de la serie.

 En cualquier caso, en cuanto le llega la hora de demostrar que se trata de una película de superhéroes digna de 2016, año en el que el género está dando cuenta de forma casi definitiva de sus potenciales y limitaciones merced a un aluvión de estrenos significativos, X-Men: Apocalipsis queda en evidencia: no hay nada que propicie el pensarla sino como una peripecia cinematográfica más de los mutantes, sumisa a infinitos condicionantes de producción que van más allá de sus imágenes en concreto para afectar a futuras entregas. Esto provoca que las escenas se vean forzadas a ostentar un cariz enunciativo, sin sobresaltos retóricos que pudieran distraer al público del simulacro narrativo para permitirle atisbar otras posibilidades. Algo a lo que hay que añadir, cuando llega la hora de las tortas, un sentido del espectáculo muy deficiente, kitsch o soporífero según el momento, y una fealdad y pobreza considerables en lo tocante a los efectos visuales, una constante en Fox -recuérdese la aún en cartel Deadpool (2016)-. Así las cosas, mientras funcionen en taquilla los frutos de sus esfuerzos conjuntos, los mutantes y Bryan Singer seguirán yendo de la mano; aunque haga ya mucho tiempo que los superpoderes de unos y otro se han delatado minusvalías, y eso amenace con transformar cada nueva película de los X-Men en una mutación de la misma arquitectura del tedio, en un suplicio para el espectador con un mínimo sentido crítico.

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