El País

Crítica: Nadine Labaki ensaya, sin éxito, una parábola cómico-dramática sobre la intolerancia religiosa que, como “Caramel” quiere pero no puede

  • Autor:
  • Fecha: 08/03/2012
¿Y ahora adónde vamos?

Lo mejor:
El derroche de buenas intenciones

Lo peor:
Que detrás de aquellas no hay nada

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 02/03/2012
  • Director: Nadine Labaki
  • Actores: Claude Baz Moussawbaa (Takla), Leyla Hakim (Afaf), Nadine Labaki (Amale), Antoinette Noufaily (Saydeh), Julian Farhat (Rabih), Ali Haidar (Roukoz), Kevin Abboud (Nassim), Mostafa Al Sakka (Hammoudi), Sasseen Kawzally (Issam)
  • Nacionalidad y año de producción: Egipto, Francia, Italia, 2011
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Caramel era justamente eso, un caramelito de azúcar condensada que sonreía ilusa reivindicando igualdad con fluorescente y sin matices ni dobleces entre bisagras. Nadine Labaki ha patentado una fórmula muy vendible que se llena la boca enunciando valores y admirables lecciones de convivencia con un buenismo encorsetado y demasiado forzado que pretende llevar a las multisalas, lo cual en sí es muy loable, una invitación a la reflexión sobre cuestiones de gran calado social relativas a la contemporaneidad del mundo árabe. Pero es un cine blandito, de materiales prefabricados, bienintencionado pero a la vez escandalosamente lineal y manipulador.

¿Y ahora adónde vamos? Abunda en ese camino, a rebufo de otro icono europeo de las multisalas, Radu Mihaelanu que tocó el mismo palo hace nada con la también muy prescindible La fuente de las mujeres. Labaki, que está encantada de haberse conocido (es también actriz y además propensa a lucir su palmito) cambia la bandera del feminismo por la de la armonía interreligiosa, invocando un paisaje de parábola en el que cristianos y musulmanes de tiran los trastos a la cabeza de toda la vida de dios. Su película es una invitación, o quiere serlo, al entendimiento intercultural, pero los recursos narrativos que acuña para lograr tales fines son de película de Walt Disney.

Además no es Labaki precisamente una directora modesta; le gusta significarse rizando el rizo y buscándose las cosquillas. Su última película oscila a trompicones entre la comedia, el drama y el musical buscándose a sí misma sin encontrarse en mitad de una crisis de identidad galopante. ¿Y ahora adónde vamos? es de esas películas que quieren tocar fibra con la ley del mínimo esfuerzo. Labaki no da con el tono, ni por asomo, y se pone en evidencia cuando frunce el ceño y despacha mensajes de una ramplonería impropia de una mujer que conoce, porque ha mamado, la realidad social de la que habla.

La parábola no cuaja nunca, y por eso las simplezas interculturales que la decoran lucen tan irrelevantes. Labaki quiere ser comercial pero a la vez intensa, y en su afán por gustar a todos al final se queda aislada en tierra de nadie. Su cine es empalagoso y desmesuradamente ingenuo. Suponemos que los fans de Caramel entrarán al trapo y seguirán aplaudiendo las buenas intenciones que rezuma el cine de su autora. A nuestro juicio, nada condescendiente con el sentimentalismo merengado marca de la casa, la nueva película confirma y enfatiza todas las carencias de la anterior, que no eran pocas.

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