Caprichos verdes

Itinerario por los parques y jardines con más encanto de la ciudad para disfrutar de la nueva estación. Coge la cámara, ponte zapatillas y disfruta del espectáculo

La primavera entra por los ojos en Madrid. Mientras el tiempo se decide entre ‘mayear’ o ‘marcear’, la naturaleza sigue su curso pintando parques y jardines con los colores propios de la estación que, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, comenzará este viernes 20 a las 23 h 45 min hora oficial peninsular. 

En un parpadeo, los árboles que hasta hace unos días dormían mortecinos el sueño del invierno han despertado con los primeros brotes -ahí están ya, a la vanguardia, los infalibles almendros- y la luz, más perpendicular, ilumina las distintas tonalidades de verdes que rompen la monotonía del gris urbano. Esta semana, para disfrutar en primera línea del espectáculo, proponemos una ruta por las zonas verdes más recoletas y románticas de la ciudad. Un itinerario que recorre parques al aire libre y rincones secretos que nos trasladan al Madrid renacentista o del siglo XIX. 

Esplendor en la hierba

Ya no es el ilustre desconocido de hace unos años, pero El Capricho (paseo de la Alameda de Osuna, s/n) mantiene ese aura de tesoro escondido que lo ha convertido en el destino favorito de parejas y bohemios que huyen del mundanal ruido. Creado en 1784 por los duques de Osuna, presume de riqueza botánica, escultórica y artística gracias a un vistoso conjunto de templetes, ermitas, fuentes, plazoletas y el propio palacio de los duques. La Quinta de los Molinos (Alcalá, s/n) tiene también su historia, pues fue propiedad del conde de Torre Arias hasta 1920. Puede apreciarse su función original como finca de recreo rústico en los edificios de explotación agrícola que aún siguen en pie, como los molinos americanos que le dan nombre. Aunque, sin duda, su principal atractivo son las amplias zonas de arbolado, en las que destacan olivos, pinos, eucaliptos y almendros. De hecho, en pocos lugares de Madrid la floración de los almendros resulta tan hermosa como aquí. Una experiencia inolvidable.

Otro paisaje singular lo encontramos en el Olivar de Castillejo (Menéndez Pida, 3 bis), donde tuvieron sus casas Ignacio Bolívar, Ramón Menéndez Pidal, Dámaso Alonso, Luis Lozano, Juan López Suárez y el propio José Castillejo, promotor de este espacio rural que acoge más de cien olivos centenarios junto con almendros, jaras, retamas y romeros. Entre los huecos de los olivos con menor copa vemos ejemplares de adelfas, lilos y algún laurel. Granados, membrillos y madroños acompañan a los olivos.

La Quinta de la Fuente del Berro (Los Peñascales s/n) es uno de esos oasis urbanos que parecen una ilusión óptica. Al lado de la M-30, la que fuera finca-huerto-jardín de Felipe IV -Su Majestad solo bebía agua de la fuente que aún vemos en la actualidad- conserva numerosos ejemplos arbóreos y arbustivos en un armónico conjunto de marcado carácter paisajista. Tiene 6 puertas: 2 al oeste que conectan el jardín con la colonia de la Fuente del Berro, 3 al norte que lo comunican con el parque de Sancho Dávila y una al sur en la calle O´Donnell. A continuación visitamos la Dalieda de San Francisco (av. Gran Vía de San Francisco, 29), junto a la iglesia de San Francisco el Grande. Un jardín de nueva creación, situado en una elevada meseta, donde los amantes de las flores pasarán horas y horas contemplando su amplia diversidad de dalias. La guinda la proporciona una de las mejores vistas del oeste de la ciudad. Terminamos nuestro periplo al aire libre en el Casino de la Reina (Embajadores, 68), a dos pasos del Rastro, antigua propiedad de Bárbara de Braganza. Ideal para familias y grupos de amigos, a su extensa pradera ajardinada suma un centro cultural, un centro de día para mayores y la llamada ‘casita’, destinada a actividades infantiles.

Rincones secretos

Los Jardines del Príncipe de Anglona (plaza de la Paja, 6) son un pasaporte al Madrid renacentista más refinado. Mantienen su estructura original, con caminos de ladrillos aparejados a sardinel y una gran pérgola de rosales trepadores. Es habitual centro de peregrinaje de amantes de la lectura que buscan un refugio tranquilo y parejas que se declaran su amor en público.

Similar función cumple el Huerto de las Monjas (Sacramento, 7), detrás de la Casa de la Villa, en el que fuera solar del antiguo convento del Sacramento (siglo XVII). En origen destinado al cultivo de zanahorias, lechugas, cebolletas y repollos, hoy evoca la atmósfera del Madrid enclaustrado del Siglo de Oro. A esa época nos traslada también la Casa Museo Lope de Vega, preciosista recreación de la ‘casilla’ -como él la definió en una carta a un amigo- del literato, que incluye un huerto-jardín. Y ya que estamos de museos, encaminamos nuestros pasos a tres instituciones que a sus fondos artísticos añaden bellos remansos de paz. Conocidos son los jardines del Reina Sofía, si bien es en estos días cuando resulta más recomendable dejarse caer por allí para oír el canto de los pájaros que hacen parada en sus árboles, no sabemos si para descansar o ver las esculturas que jalonan el espacio. El Museo Sorolla y la Fundación Lázaro Galdiano incluyen en sus visitas guiadas sendos jardines que servían de recreo a sus ilustres dueños; lugares de esparcimiento e inspiración para los sentidos. Más mágico, casi de cuento, es el pequeño vergel del Museo del Romanticismo, testigo de una forma de vida que entendía la naturaleza como expresión de las pasiones.

Los jardines colgantes de Madrid

Sin llegar a la exuberancia de la mítica Babilonia, Madrid puede presumir de unos jardines ‘colgantes’ en la céntrica Cuesta de la Vega, cuyo recorrido arranca en la cripta neorrománica de La Almudena y desciende hasta el parque de Atenas. El espacio entre rampas lo ocupa una amplia variedad de parques desde los cuales, además, contemplamos una de las mejores vistas del sur de la ciudad. Una pega: el tráfico que sube y baja de Mayor. 

Vergeles de interior

Jardín de Atocha

Tan conocido como imprescindible en cualquier ruta verde, el jardín tropical y subtropical de Atocha aglutina más de 7.000 plantas en el que fuera antiguo apeadero de la estación. Un tanto decadente, sí, pero con el encanto colonial de sus mejores días.

 

Estufa fría

Unas 220 especies y variedades de plantas se arremolinan en el interior de esta estructura de 4.000 m2 situada en el centro del parque Juan Carlos I. Las claves de su climatización natural son la orientación, el uso de paneles de cristal y varios sistemas de calefacción pasivos. 

Invernadero Arganzuela

Es quizá la instalación menos conocida del concurrido entorno de Matadero y Madrid Río. Junto a la Casa del Reloj, un conjunto de fuentes, rías y acuarios animan cuatro ambientes con microclimas que alternan especies tropicales, subtropicales y desérticas. 

Autor: Raúl Álvarez Fecha de publicación: 18/03/2015

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