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Crítica: La cocina tricolor

  • Autor: Ignacio Medina
  • Fecha: 20/09/2010

La oferta de El Molino oscila entre la gamba blanca, la carne roja y el amarillo dorado de las patatas fritas, los tres pilares de su sabrosa carta.

Restaurante El Molino El Álamo
  • Tipo de cocina: Asador
  • Especialidad: Gambas y carne roja
  • Dirección: Carretera Navalcarnero-Chinchón, km. 9,300. El Álamo
  • Teléfono: 91 812 01 90

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La cocina también puede ordenarse por colores. Por ejemplo, el blanco rosado de la gamba de Huelva, el rojo amoratado de la carne de vaca cuatreña o el amarillo dorado de las patatas fritas. Tres colores para los tres platos estrella de El Molino, un restaurante de carretera que reúne cada día una amplia y calificada clientela, dotado de una carta suficientemente amplia pero que concreta su trabajo en torno a tres productos: gamba blanca, carne roja y patatas fritas. No es una fórmula nueva. Sobre bases similares se hizo grande Sala en Guadarrama (qué tiempos aquellos en que apenas trabajaba tres o cuatro productos y podía presumir de hacerlos bien todos), aunque allí cambiaban la carne roja por chuletillas de cordero y añadían alguna cigala al menú más popular.

También es una fórmula que ayuda a romper tópicos. Cuando se trabaja un producto como la gamba a 500 kilómetros de la costa, se consume volumen y se pretende garantizar la calidad del producto, sólo hay una palabra que lo hace posible: congelación. ¿Y? ¿Quién dijo malo? Decía hace no mucho tiempo Santi Santamaría que prefería congelar una cigala recién pescada antes de dejarla en el refrigerador hasta el día siguiente. Efectivamente, hablaba de ultracongelar y de volver a descongelar de forma pausada y natural. Bueno, hablaba de hacer las cosas bien. Pensar en un congelado como un producto de mala calidad es un error común. Todo depende de cómo y cuándo se congele, pero sobre todo de cómo se descongele. Dicho lo cual, volvemos a esa gamba blanca que conforma la mitad del consumo de la clientela de El Molino.

Lo encontramos en el camino que lleva de El Álamo a Griñón, a la altura del kilómetro 8,300 (por mucho que todo el mundo, incluida la casa, lo localicen un kilómetro más lejos, lo cierto es que si se van hasta el 9,300 no encontrarán más que unos cuantos eriales y algún chopo despistado), con aspecto de mesón y un cierto aire de tipismo. Afortunadamente en la mesa se ven otros paisajes. El de la gamba blanca es bueno. Están bien trabajadas a la plancha: bigote largo, poco hechas, cabeza llena de líquido, cola tersa y jugosa. Más de lo que muchos pueden ofrecer. La otra referencia de la casa es la carne roja. Vaca de cuatro años -seguramente alemana o danesa-, bien curada y tratada con cuidado. Llega a la mesa en el punto pedido -cruda pero caliente por dentro- y más curada de lo que estamos acostumbrados, es decir, tierna. Son dos cosas cada día menos habituales en la plaga de asadores de medio pelo que asolan la comunidad. Recomendado.

Y además

Patatas fritas y más

Peladas y cortadas en la casa y fritas con esmero en un aceite de calidad. ¿Resultado? Un bocado crujiente, tierno y agradable. A veces basta un simple detalle para marcar la diferencia con otros comedores. La carta incluye otras propuestas. Funciona el jamón ibérico, mientras se quedan a medio camino las mollejas con setas. En temporada ofrecen guisos de caza.

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Ignacio Medina- 14/09/2012

El Molino no se anda con complicaciones y alegra el día a sus clientes con unas buenas gambas a la plancha, carnes rojas a la parrilla y patatas fritas.




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