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Restaurantes en Madrid



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Sin reservas

Sabores potentes, referentes lejanos y también cierta dificultad para visitarlos.

Pocas ciudades han abrazado el mestizaje culinario como Madrid. La historia de la fusión en los fogones madrileños está marcada por hitos como la apertura del primer Viridiana de Abraham García a finales de los 70, Alberto Chicote y su No Do 20 años después o el Kabuki de Ricardo Sanz, abierto en 2000. El idilio se prolongaría con Sudestada y Chifa… y ahora con estos tres locales que comparten entre sí otra seña de identidad: hay que aceptarlos sin reservas, que no las admiten. StreetXO se ha hecho mayor: las instalaciones en cocina y sala van mucho más allá de aquel rincón en Callao, con un Carlos Moreno dando rienda suelta a su imaginación coctelera. Los platos muestran la faceta más retadora del cocinero David Muñoz: sepietas con jugo de kimchi coreano y huevo frito.  Nakeima y sus filas antes de abrir puertas ya forman parte del paisaje de Argüelles. Mientras sigan cocinando tentaciones como el bun de setas y yema líquida es poco probable que desaparezcan. A Chuka Ramen también conviene llegar pronto para probar esa sopa de origen chino pasada por el tamiz de Japón, el ramen.

También recomendamos

Salsa Diablo. Augusto Figueroa, 33.
Shikku. Platea (Goya, 5) Nivel el patio.
Taquería Mi Ciudad. Fuentes, 11.
Mezcal Bar- Punto MX. General Pardiñas, 40.
Ginger Boy. Murillo, 1.

Cruzando el Atlántico

Las costumbres estadounidenses son menos proclives a la improvisación que las nuestras. Así, los  restaurantes por cuyas mesas pugnan foodies, celebridades y el común de los mortales llenan su sistema de reserva con una antelación a la que aquí pocos aspiran. Establecer con certeza qué restaurante se lleva la palma en dificultad de acceso no es fácil. El vanguardismo de Grant Achatz en su Alinea de Chicago o el clasicismo de Thomas Keller en The French Laundry californiana son dos buenos candidatos. Sin embargo, el nombre que más suena en los mentideros es el de un venerable restaurante italiano de diez mesas en East Harlem, Rao’s. Cuando su popularidad rebasó con mucho las fronteras de sus inmediaciones, los dueños decidieron limitar las reservas y favorecer a los habituales, con fechas y mesas preasignadas: John Doe, cena para cuatro todos los martes, por ejemplo. ¿Teléfono? Rara vez lo descuelgan.

Autor: Pedro Espinosa Fecha de actualización: 26/02/2015




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