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Artículo: “Acabaremos viviendo de nuestra cultura, si es que sabemos protegerla.”

  • Autor: Sergio F. Pinilla
  • Fecha: 14/02/2020
Naufragios de Álvar Nuñez [o La herida del otro] Evento finalizado

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Guía del Ocio: Aunque ya habías interpretado mucho antes su obra, ¿es la primera vez que diriges un ‘Sanchis Sinistierra’?, ¿por qué Naufragios...?

Magüi Mira: No, ya lo hice con ¡Ay, Carmela! para la compañía titular del Teatro Fontanka de San Petersburgo, que sigue teniéndola en su repertorio desde el año 2012. Ya en su momento, Naufragios me emocionó, y creo que es una mirada necesaria a ese error histórico que fue la conquista de América, por cómo se llevó a cabo, sobre todo. Parte de un hecho real, pero no es historicista, sino rebelde y transgresora a la manera que decía Walter Benjamin, pasando un cepillo a contrapelo de la Historia. Sanchis la escribió de una manera sinfónica, lo que invita al espectador a reír, llorar, reflexionar, y con una libertad infinita además, lo que como dramaturga te permite investigar y explorar otros lenguajes para contarla.

G.O.: En este sentido, ¿cómo ha sido el trabajo con los actores?, ¿y el relativo a la puesta en escena?

M.M.: Somos un equipo potente, cómplice, generoso y comprometido, y en el arte escénico esto siempre suma. El espíritu de trabajo era continuar con el realismo mágico de la obra de Sanchis, con esa visión que cuestiona la realidad, o que la convierte en engañosa. Mi propuesta escénica es minimalista, poética y muy física, aproximándonos con esta fisicidad al universo del autor y desligando la relación causa-efecto, transcendiendo el psicologismo de las conductas. Porque lo que estamos contando es, en realidad, la historia de un fracaso, la de Álvar Nuñez, la del general Narváez… A fin de cuentas, estamos poniendo en valor las emociones de aquellos españoles que, ante un panorama de hambruna y miseria, fueron engañados por la Corona y por la Iglesia con la promesa del oro y la fe, encontrando solo el sufrimiento y la muerte. No se si te suena de algo...

G.O.: ¿A qué te refieres?

M.M.: A los que al final de su viaje solo encuentran el oro de una manta térmica. Y es que lo que no supimos hacer entonces, es lo que ahora tampoco hacemos: dar el lugar al otro, respetar su espacio. Hay que preguntarse quiénes son ellos, quién es el otro, y eso es algo de lo que también habla Sanchis. Más que de conquistar, se trata de des-cubrir, en el sentido de quitar el velo, la manta, para conocer ya no solo a los demás, sino también a nosotros mismos.

G.O.: Primero actriz, después directora y ahora dramaturga también, ¿cómo valoras esta evolución?

M.M.: Simplemente obedece a un aprendizaje en el arte escénico que se ha ido produciendo de manera natural, por necesidad. La puesta en escena viene implícita en la dramaturgia, por eso me gusta concebir lo que luego se va a concretar sobre el escenario. La figura del ‘dramaturgista’ está creciendo con vigor en toda Europa, ya que el autor es el que crea la obra, pero esto es solo el texto (o el pretexto) del cual tiene que nacer un espectáculo que llene de vida y de emoción a esa obra. Y el tratamiento que ha de darse al texto para que se convierta en paisaje escénico tiene que hacerlo el dramaturgista, quien va de la mano del director y de su puesta en escena.

G.O.: ¿Se puede vivir del teatro exclusivamente? (más en tu caso, que nunca desempeñaste cargo institucional alguno)

M.M.: Bueno, yo lo hago, soy una trabajadora del teatro, por lo que te diría que sí se puede, a pesar de que la cultura, que es nuestro patrimonio, está muy lejos de tener el apoyo institucional que debería por parte del Estado. Acabaremos viviendo de nuestra cultura, si es que sabemos protegerla. Pero hay que nutrirla para que siga creciendo, desde la educación, con las nuevas generaciones. Y esto debería ser una cuestión de Estado, aunque ahora no lo sea y navegue según el interés de cada gobierno de turno. Lo que te quiero decir, por ejemplo, es que sí esta bien visto proteger la industria del automóvil, pero no la cultura. Y me parece que esto es un gravísimo error, porque la cultura es una inversión con un retorno y un rédito importantísimo, también económico. Porque si no es cultura, ¿qué es lo que va a quedar de la vieja Europa con las nuevas, grandes y dominadoras economías emergentes?

G.O.: Me encantó En las estrellas, tu último trabajo en cine. Pero, ¿sigue sin convencerte cómo funciona esta industria?

M.M.: Es que Zoe Berriatúa es muy bueno. Y hay muchísimo talento en el cine español, cada vez más. Lo que no me gustan, aunque entiendo que también haya que nutrir a la taquilla, son las endogamias, las modas, porque coartan la diversidad.

G.O.: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

M.M.: En dos meses me voy a poner a trabajar con Gabino Diego y Cecilia Solaguren en Los mojigatos, una versión de una obra del dramaturgo escocés Anthony Neilson que también dirijo.

G.O.: ¿Qué nos recomiendas de Madrid?

M.M.: Madrid es poliédrico, pero a la hora de relajarme un paseo por el Jardín Botánico me permite pensar, respirar y admirar la belleza de la naturaleza en cualquier estación del año: ahora con el invierno, hay mucho árbol perenne y después está el rito de los árboles que pierden las hojas que se regeneran después, lo que me ha fascinado desde pequeña...

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